antonio lago rivera (1916-1990)
La evolución constante de su lenguaje convierte a Antonio Lago Rivera en una de las figuras más interesantes y personales de la renovación artística gallega del siglo XX. Nacido en A Coruña en 1916, comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad y posteriormente continuó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desde sus primeros años mostró una actitud profundamente inquieta ante la pintura, evitando quedar ligado a un único estilo y desarrollando una trayectoria marcada por sucesivas transformaciones. Sus primeras obras, de carácter figurativo y próximas en ocasiones al naif, se caracterizan por el empleo de colores intensos y una representación todavía cercana a la realidad. Sin embargo, sus viajes y estancias en París, especialmente a partir de 1945, supondrán un punto de inflexión decisivo.
En la capital francesa entró en contacto con las nuevas tendencias de la pintura europea y su obra evolucionó progresivamente hacia la abstracción y el nuagismo, corriente vinculada a la búsqueda de atmósferas indefinidas y espacios casi inmateriales. Las formas comenzaron a disolverse en manchas, veladuras y campos cromáticos donde predominan los grises, azules y tonalidades apagadas, concediendo al vacío un protagonismo fundamental. Durante los años sesenta, Lago Rivera inició nuevamente un camino hacia la figuración, aunque muy alejado de sus comienzos: las figuras aparecen ahora suaves, esquemáticas y casi suspendidas en el espacio, conservando la atmósfera etérea de su etapa abstracta. Esta continua revisión de su pintura, siempre guiada por una búsqueda de equilibrio entre forma, color y emoción, dio lugar a un lenguaje íntimo y poético que hace de Lago Rivera uno de los artistas más singulares de la pintura gallega de posguerra.
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